abundancia y ruina




Visitamos una muestra. Conozco pocos videojuegos. Excepto por el Age of empires II, no sabría decir con exactitud los nombres, las escrituras a que remiten estas esculturas ahora mismo que las veo y pienso en la gráfica de los videojuegos. Las ruinas son también no poder reconstruir esos nombres, haberlos perdido en la maraña de la abundancia. 

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La contigüidad con la gráfica de videojuego no está dada solo por la forma sino ante todo por el sentido. Las esculturas de madera y los papeles transferidos son paredes gráficas, paredes de píxel que no comunicarían ningún adentro y afuera pero entretienen la mirada a medida que avanza la plataforma. 

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Las ruinas también se componen con la abundancia. Entro a la sala y estoy tomada por un olor a témperas y madera. La instalación vela algunos ventanales pero deja claridad suficiente. No sentimos que no podamos ver. La madera resulta, incluso, transparente por momentos. La oscuridad de los dibujos transferidos, su carbónico de papel o pigmento se asemeja a las ventanas cerradas de la sala. Conozco estos nombres y podría reconstruirlos, pero aún así no me convencen de que esto sea un museo.

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La estación de trenes abandonada de Santa Fe contiene esta tarde esculturas y papeles que refieren a la usina de otra ciudad. No leo esa explicación sino que Noe me la cuenta. En nuestra ciudad, la vieja usina es otra cosa. Los espacios superpuestos, como los gráficos de un videojuego, no son solo capas sino continuidades. La remodelación de un espacio, su puesta en valor o su resignificación no le quitan su caracter de ruina. Por aquí no pasará ningún tren ni estos ventanales protegerán a obreros que den a luz la ciudad. El abandono es cierto, real, palpable. El amplio hall a través del cual llegamos a esta sala acaricia nuestros ojos con su esplendor y distancia. Varias personas suben y bajan por las escaleras de esa entrada mientras dura nuestra entrada y salida. Van al segundo piso de la Estación, que yo no veo pero imagino y recuerdo habitado, usado, llenado. Mis ojos ven esta tarde, en cambio, otro paisaje debajo suyo. A través de vidrios sin velar veo el vacío enorme de la Estación al que da el hall cuando no se sube ninguna escalera. 

Cuando nuestro recorrido sigue, el abandono puede extenderse a la ciudad entera. Vemos la casa postcolonial de una pintora de la ciudad donde voy al baño. Vemos la pared roja de un museo durante una muestra.  Vemos las fotografías colgadas en el hall de un teatro. Las ruinas también son la abundancia.

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¿Será más importante la ruina que la réplica? Lucas me llama la atención sobre el enunciado "simple copia". ¿Será más importante la ruina que la simple copia? ¿Cuántas réplicas se necesitan para componer un sismo? ¿Cuántas réplicas posee un sismo? 

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Entre todas las imágenes, la más inquietante está compuesta por uno de los papeles transferidos. Colgado junto a otros dos de la serie, en él se extiende la figura del ventanal un poco más que en los demás papeles y en las esculturas mismas de esos ventanales. Allí aparece con mayor claridad el interior. Las cadenas de madera que cierran los póstigos de los ventanales en la escultura. Los ventanales mismos con su sueño de vidrios rotos. La falta de picaportes. La columna abandonada en medio de una transferencia de softwares y témpera y tinta y significado. El reloj sin tiempo, la señal sin presagio. Entre todas las imágenes, la interioridad sería la más inquietante. No debería pasar nada detrás de estas paredes. No debería desarrollarse el videojuego en estos senderos. No deberían correr las gráficas acá dentro.

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Son significantes díficiles de desconstruir. El significado es más poderoso que el abandono bajo todas sus formas. ¿Alguna vez podremos pensar sin puertas ni ventanas?


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sobre Un Bosque en Ruina de Juan Rey

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