amiga fantasía






Siento que los cuentos de Amiga Fantasía trabajan por restituir ficcionalidad y vitalidad a nuestro vínculo con los futuros posibles y los dispositivos tecnológicos con los que convivimos. O mejor, a nuestra manera de pensar y vivenciar ese vínculo. Suelo creer que no es solamente el presente o la presencia tecnológica los que son pobres o están empobrecidos sino la manera en que pensamos todo eso. A veces siento que hay mucha terquedad e insistencia gozosa en pensar que nos reemplazará tal maquinaria o que en unos años no habrá más de esto o aquello. Como si fuese, justo, una fantasía autocumplida. Me pregunto, claro, por qué ese apuro en ser avasallados o reemplazados. Si hasta casi parece ser un pedido varias veces. Un por favor, reemplácennos.
 
Los personajes de estos cuentos no quieren ser reemplazados. Aunque les cueste mucho estar donde están, aunque no sepan qué será de ellos mientras crecen (ese futuro), persisten en que solo ellos sabrán qué sucede cuando dan el siguiente paso. Insisten en salir de casa, ya sea para huir o ir a un recital. O en mirar la pantalla aunque lo que nos devuelva ya nos parezca poco humano. Siguen usando sus cuerpos, para oír los trenes y los mares, para ser penetradas sin consentimiento, para tener hijos que no sabrían sostener económica o emocionalmente, para ir de pesca, sentarse en bares, escribir diarios íntimos, tener sueños.
 
No se preguntan cómo harán sino qué sentirán. Atraviesan el futuro con la misma intensidad con que usan los aparatos que los rodean. Hay dispositivos en todos los cuentos. El medallón en Los pájaros, la fotografía en Limpieza. La radio en Buenos deseos, la IA en Detrás de una lengua hay otra. Incluso las nimiedades tecnológicas a las que se atiende en Huesitos a cada paso para indicar que es el tiempo quien transcurre: "A mí me daba miedo el reflector de la garita", "Un día lo empezamos a ver mucho al Carlitos con el triciclo, varias veces al día", "Yo había empezado a usar corpiño", "La Laura tenía unos patines". Nuestros objetos, nuestros accesorios, se vuelven rastros del tiempo como si la historia nos hubiese ido mostrando que futuro es que empiezan a caernos aparatos del cielo para ir usándolos. Ese punteo, ese ritmo por el cual el tiempo nos va regalando chucherías de todo tipo no es oprimente ni determinante en este libro sino que tiende a horizontalizar nuestra relación con todos esos aparatos, ya sean más o menos sofisticados. Incluso en uno de los cuentos las novelas de amor aparecen como una tecnología que viene del futuro a mostrarnos algo que no conocíamos y nos interesa saber cómo será. En Amiga fantasía, el cuento, también pasa: no me refiero a los teléfonos y cd's que pueden poblarlo, sino a la escritura misma como tecnología que la protagonista aprende a usar a medida que el tiempo pasa.
 
En cada cuento, es verdad, nuestros encuentros con la técnica no son gratuitos ni nos dejen indemnes. Tienen sus errores, costes y desajustes. Sin embargo, también es cierto que en cada relato nuestro encuentro con la técnica está embuido de fantasía. Somos nosotros quienes, fascinados por la imagen de Bowie en Laberinto trastocamos esa perla virtual hasta volverla nuestra imagen del enamoramiento... y no al revés. Tal vez por eso los cuentos se ponen dubitativos muchas veces sobre cómo nombrar eso que nos pasa: "la fantasía, la ficción o lo imposible" dice ni bien comienza... y a poco de terminar: "lo imagino, lo deseo". Como si fantasía, ficción, deseo se mezclasen de maneras en que ya no podemos separarlos o distinguir lo que nos pasa. A medida que el libro transcurre los personajes se vuelven más conscientes de ello. En especial, las madres. Ana hace que una de ellas huya con su hijo a la casa de los tres ositos de Ricitos de oro y que otra elija llamar ficción a lo que queda de su maternidad en el fin del mundo.
 
Esas huidas a la ficción, esos pasajes entre imaginación y deseo caracterizan a todos los personajes. Se parecen, como nuestro presente, a esa duermevela que tantas veces experimentan. Los párrafos en que más se detiene Analía a describir son aquellos en que hay una quietud posible entre la noche y el día, el sueño y la vigilia, el orgasmo y la realidad, la fantasía y el presente. Esos momentos donde no se ve claramente qué sucederá, pero que son hermosos en sí mismos, podrían describir un vínculo más amable y más lúcido con la contemporaneidad. La temporalidad extensa que manejan estos relatos, desde los '90, pasando por el presente y terminando en unas décadas más allá, también se muestra como algo que quién sabe si amanece o anochece. Solo nosotros podremos saberlo, amiga fantasía, aunque nadie dijo que un amanecer tenía que ser, necesariamente, más bello que un anochecer.


sobre Amiga fantasía de Analía Giordanino. Paraná. Azogue libros. 2025.

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