Esta foto de mí departamento me recuerda a una parte de la costanera donde solía ir. Allí la rampa de cemento que baja y los pilares que sostienen la senda peatonal de arriba arman una caja que se le parece y que, cuando el río está crecido, se llena de agua. Como tengo ambas imágenes superpuestas en los ojos, cada vez que clickeó el celular para leer un mensaje tengo la sensación de que todas sus notificaciones llegan hacia mí mecidas por el río. Y aún más, como me encuentro en esa misma habitación, poco me cuesta percibir que el departamento es en verdad una costanera donde el río entrará, como en una caja, al crecer. Así el horizonte que veo, la silueta de la ciudad que observo desde mi departamento es apenas una corriente fluvial que viene hacia mí y los ríos, los ríos son habitaciones dejadas, sitios intactos de aire y vacío.
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