prosas profanas

 Subo al colectivo y acomodo en el asiento junto a mí las compras del mercado, la diminuta mochila de mujer que compró mamá en donde los inmigrantes clandestinos. Veo tamizarme la luz artificiosa de este día por el palimpsesto de la ventanilla. La línea tendrá que atravesar una avenida hasta la loma en que hace añares se alzaron los monoblocks donde vivo. Subo al colectivo y me siento una señora montada a un alazán que atraviesa esta ciudad de provincias anegada por las lluvias. No llueve pero humedezco mis ojos suficiente para percibir el cemento, la cartelería, el mismísimo ronroneo metálico de esta carcaza como una insistente y terca lluvia que toma todo, mi cuerpo, mi destino, mis pertenencias salvadas del exilio.


Voy hacías tus entrañas terca ciudad, terca lluvia, terco destino anegado de esparadrapos. Voy a tí congoja abandonada en las orillas, copia, baratija, devaluación finísima de la lluvia. Perra famélica, perdiz preciosa, ajeno benteveo perdido en la cartografía desfasada, derramada, desdichada. Este colectivo, este carruaje degradado, esta precariedad casi de hechizo me conduce a tus entrañas.


*


Me haré un alfabeto con ciento doce onomatopeyas. No sabrá oírlas porque solo las esculpiré en letras luminosas, en píxeles de baja estatura, táctiles y portátiles. Todas tendrán una sola sílaba y parecerán redondas aunque nadie sepa nunca la forma que poseen las onomatopeyas ni las sílabas. Sentiré que tecleo con ellas mismas, apretando ambas letras en un solo botón. Las dejaré debajo de todas y cada una de sus historias, como brasas lentas se echan al fuego.


*


Todo el día mientras limpio sus departamentos, pescar mojarritas húmedas de sus sudores, cardenales vivos de su agitación, polillas fosforescentes nacidas del gemido. Volver de porcelana los olores de sus cuartos. Encerrar en la miel los restos de sus duchas matutinas. Esperar a que se calque sobre muchachas recién hechas la larga silueta de su sueño derramado.


*


Una expedición de topógrafos veinteañeros salen de mis manos en expedición de reconocimiento a la geografía de tus shorts. Una comanda de navegantes españoles parte de las costas de mis manos para reconocer el territorio de tus shorts. Una excursión de cartografos, un conjunto de adolescentes agrimensores, una corte de escribanos recién recibidos. Todos parten, todos se sonrojan y estudian día tras día la tipografía de tus shorts. Toman fotos, toman medidas, trazan mapas. No te hablan y se sonrojan. No pueden dirigirte la mirada y se sonrojan. Escriben crónicas, imaginan sirenas, esparcen rumores. Estudian con paciencia imperial cada montaña, cada pliegue, cada bulto de tus shorts. Miden la fragancia, describen la textura, reverencian sus secretos.


*


Voy a enviarte un mensajito en clave morse como si el continente fuera el océano y durmieramos en submarinos que atraviesan las montañas. Voy a poner juntos tres emojis delicados, estrellas, lavanda y hojas secas para que lleguen como un paciente jeroglífico hasta tus ojos. Voy a pasarte la pelota, cueros baratos llenos de sudores, para que puedas golpearla al otro lado de las montañas. Voy a hacer gemir mujeres embarazadas en la puna, Bolivia, Colombia y las islas del caribe para que te despierten en medio del Distrito Federal. Voy a enviarte un mensaje, hacer vibrar tu celular.

Comentarios