luego de leer Muerte, animal y perfume (1951) de Libertad Demitrópulos.
Voy leyendo este libro en un pdf todo blanco y
negro. Parece una fotocopia. Leo de la edición que Ediciones del Dock hizo en
2008, agregando algunos cambios basados en manuscritos. Trato de imaginar la
edición de la Agrupación Renacimiento. No sé si eso pasó en Buenos Aires o en
Jujuy. No busco el dato, busco otra cosa.
*
No
conozco este país. No conozco esa provincia. No conozco a esta mujer. Todo es
promesa. Los perfumes no solo rastros del pasado de un cuerpo, de su paso
alrededor nuestro, son también promesas, anuncios del futuro posible de un
cuerpo.
*
Como leo en pdf tengo que hacer un esfuerzo por
reponer a este libro una textura que me falta. Este libro está cargado de
perfume. Las imágenes me dicen eso, pero su vejez, el libro es de 1951, y su
edición, tan deslucida, no dicen eso. Tampoco la rima consonante que me cuesta
apreciar desde mi distancia. Qué me estás queriendo decir. Repongo el perfume,
pero no imaginando flores ni aromas sino fotitos que me manda Marisa con
orquídeas y camelias derramadas. ¿A eso se estará refiriendo al decir perfume?
Cierro los ojos y no veo las camelias que yo conozco, sino las fotitos
preciosas que Marisa me deja de vez en cuando en los mensajitos de whatsapp.
*
La primavera, la estación de los perfumes, es
'fiel y sumisa' aquí. La muerte, a la que se compara con la primavera en esa
estrofa, es 'fiel y sumisa'. Intermitente, inconclusa también. Se me ocurrirían
muchas formas de pensar las muertes y las primaveras, pero a más de no
pensarlas tanto juntas, tampoco se me ocurren fieles y sumisas.
*
¿Cómo es fiel la primavera? ¿Cómo sumisa? ¿Cómo
es intermitente la muerte? Leo este poemario en primavera. Azul es el color que
más se nombra, después le sigue el amarillo. Hay alguna mención al blanco. No hay
ninguna al negro.
*
Muerte, animal y perfume parece cuando lo leemos
una enumeración. Tres nombres juntos, tres presencias que se hacen caer juntas
a la manera de tres temas que coinciden con las tres partes del poemario. Sin
embargo, no es tan así cuando leemos el poema que le da nombre al libro. Ahí
'muerte' se separa de 'animal y perfume' y en esa estrofa si la van a ver
pueden fijarse que animal y perfume no parecen presencias separadas de la
muerte, en pie de igualdad con ella, sino adjetivos, epítetos, una aposición
incluso de la muerte. La muerte es (la coma elide el es) animal y perfume
aunque no sepamos por qué.
*
Si la muerte fuese un animal, ¿cuál sería? Si el
perfume fuera una prueba, un cuerpo, una evidencia, ¿de qué lo sería?
*
Leo este libro en primavera. Trato de suavizar
mis frases. Enseguida quiero explicarme los procedimientos retóricos pero
siento que entonces mis oraciones se endurecen y no es esa una buena manera de
tratar al perfume.
*
Este libro está cargado de perfume. No por el
título ni porque el propio vocablo perfume vuelva varias veces a través de las
páginas sino porque perfume podría ser el nombre de todas esas tenues marcas,
tenues rastros sin cuerpo en que los poemas se detienen y concentran. Niebla,
sombra, forma. Pero también música, ensoñación, miedo, ardor. Sustantivos
abstractos o difíciles de tocar sobre los que se habla repetitivamente cada vez
que la voz se aleja más del propio cuerpo. "Me alejo de mi corazón"
confiesa al comienzo de un poema. Y luego, más tarde en otro dice de su piel
con lejanía: "mi desconocida piel, cuando la miro". Alejamiento,
desmayo, paseo, caída son las maneras de esta distancia con el cuerpo que se va
construyendo en los poemas. Ya sea porque nosotras nos alejamos de él o porque
el mundo se aleja de él: "De mí huyen los días inevitablemente / y en mi
corazón ruedan amarillos pedazos". En todo caso, en ambas maneras, cuerpo
y corazón no parecen centros y cercanías sino sitios que se pueden dejar para
irnos. El cuerpo no coincide con la enunciación en varios de los poemas, lo
cual va dejándolo en un lugar paradojal. No son antítesis ni oxímoron lo que
pasa, sino paradojas a la manera de la vanguardia latinoamericana. (Acá está
César Vallejo, sin duda, no solo por la cita sino por la referencia directa,
por la reescritura, por el cuerpo despedazado, por la tensión vida/muerte, por
el diálogo con Dios y por esa forma tan propia de armar paisajes sinestésicos:
"siesta de pascua y aguacero". El poemario dialoga con la literatura
en este ejercicio y en las formas clásicas del verso español con que esa
vanguardia convive: cuartetas, rima consonante, soneto. Hasta en algún momento
me parece ver un verso de Manrique).
*
Pero no debo irme. Este libro está cargado de
perfume. Más que la muerte, me interesa el perfume que puede llegar a ser una metáfora
más suave de ella. Dejar caer un cuerpo para concentrarnos en el rastro que
deja, el perfume que deja al caer.
*
Entro con cuidado al único libro de poemas de una
novelista que no conozco. Intuyo atrás de algunos términos el argumento de las
novelas sobre las que me hablaron ayer. Todo es promesa.
*
Las ciudades aquí dentro se tensan con el
desierto. No sé cuál es la que está bajo la Cruz del Sur a la que dedica un
poema. ¿Ledesma, Buenos Aires, nuestra parte del continente? El desierto
aparece en cambio más de una vez anudado al temor al abandono. La pampa
también, como si la imaginación ya fuese entonces territorial. Me alejo de mi
corazón y expando el territorio, la pampa, el desierto, las ciudades sobre un
vacío difícil de manejar: "Crucificados somos, pero me dejan
siempre".
*
No sé si tendría que poner más ejemplos de
paradojas o las citas de Vallejo. Como cuando escribo sobre una muestra, me
preocupa si el otro ve lo que estoy viendo. En el fondo siempre con los poemas
es la misma pregunta de cómo se habla de eso.
*
Otro trabajo fonético está dado por la
repetición. El procedimiento aparece bastante y es una ampliación de los
efectos de la rima consonante, que es en sí repetición. A veces es un término
solo (ardor, miedo, perfume por ejemplo). Otras llegan a ser estructuras
enteras. Paralelismos. La repetición es mecanismo de sucesión. Como forma de
seguir horadando vida/muerte, la repetición permite observar lo que Libertad
llama aquí "cuerpos sucesivos". Los cuerpos pueden abandonarse porque
se suceden. Las ciudades también.
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"Ya está otra vez". Qué difícil
referirnos a vida/muerte sin parecer solemnes. Por eso es más lindo perfume.
*
Manos, cintura, ojos, dedos, corazón. La
sinécdoque para el cuerpo. Niebla, sombra, forma, incluso muerte, como otras
partes que hacen al todo. Pero más que nada las manos. Tal vez una referencia a
la escritura.
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No es tanto, pero hay un trabajo por el verso
ambiguo y la opacidad.
*
Entre esta ciudad y la tuya "hay hilos
telefónicos tendidos". "No puedo más", nos confiesa en esa misma
estrofa, exasperada de esta intercomunicación.
*
Este libro está cargado de perfume. Si yo tuviese
que elegir una estrofa que haga de corazón al poemario sería esa que dice:
"No sabéis. Bajo la Cruz del Sur monstruosamente crezco / y una ciudad no
muere en sus espacios / si el tiempo se ha enredado en sus cabellos / como un
perfume lento". No, no sabemos. Por eso estamos leyendo. Pero también nos
damos cuenta que ahí la ciudad finalmente es vuelta cuerpo. (Si me alejo de un
cuerpo termino en otro cuerpo). "Si el tiempo se ha enredado en sus
cabellos" no es solo una metáfora sino también una personificación. La
ciudad se vuelve cuerpo y es amenazada entonces por la muerte, animal y
perfume. Una ciudad no muere en sus espacios. Pienso en todas las novelas que
no leí y recibo este poemario como correo postal que llega a mi departamento
como a un barco que navega sobre las pampas. Estas ciudades en el desierto. Vías
inmanejables, aguas lentas sobre las que apenas oigo la pesadez del remo.
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