Antes de nacer, los pimpollos de las rosas en los pueblos de mi provincia asemejan cúpulas de catedrales que se levantan contra el atardecer. Pero después, cuando las rosas abren resultan más bien ovnis flotando a ras del suelo, demasiado cerca nuestro. Esquirlas aterciopeladas de meteoritos muy finos que rasgaron nuestra atmósfera más próxima cuando menos lo esperábamos. Aterciopeladas y mullidas naves no identificadas que podrían llevar dentro reliquias, trocitos de corazón, sangre noble y apenas derramada.
Comentarios
Publicar un comentario