Tardo varios días en encender una vela, sacar una carta, poner en remojo mis intenciones. Uno siempre creería que las labores espirituales resultan más sencillas a las físicas. Tomar parte en un asunto parece más fácil cuando lo que se hace es rezar, pedir, agradecer, desear. Encender una vela parece un gesto mínimo y sencillo. Sin embargo, puede tomarnos días llegar a la tersura suficiente de nuestro cuerpo, la jornada y el departamento. La suavidad lleva tiempo, generaciones enteras de rocío para llegar a nosotros. Uno creería que es fácil hacerse cargo espiritualmente de un asunto, mas necesita cúmulos de concentración y maravilla dispuestos para encender una vela pensando, efectivamente pensando que se está en lo correcto y se toma parte en el espléndido y caótico concierto del mundo.
Fotografía de Marisa Negri, en las ceremonias de Iemanjá de este año en la costa atlántica.

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