Cuando recién comienzo
a tocar una baraja, todo el tiempo en que nos vamos conociendo, suele suceder
que se repiten las mismas cartas. Un Hijo de Copas hablando de mis emociones
derramadas; un Tres de Bastos al derecho y al revés, insistente en mi posición
frente a los caminos. Un Colgado, maravilloso y perfecto, dejándose ver entre
los altarcitos domésticos. Una Reina de Oros, un Nueve de Oros. Con
luminosidad, un Loco un día y otro día y otro día. Cada carta que sale se
quedará cuanto menos un día a la vista de mi y mis tareas. Y por eso, como la
baraja es reciente y trae consigo la belleza de tantas imágenes que aún no
aprecié suficiente. Por eso, digo, quisiera pronto salgan otros arcanos, otros
númenes. Tardan, tardan, en la repetición de los días, en las emociones o las
situaciones empantanadas en que no se sale, como en un horóscopo fácil, de un
día para otro. Tardan.
Tardan y dan mayor
festividad al momento en que aparecen. Anoche no dormí, no por el desvelo sino
por estar pasándola bien. Llego tarde a casa, me digo todo estará bien. Me
duermo unas horas, entro en la mañana con la tranquilidad asustada de quien no
hace esto hace mucho tiempo. No sé cómo proceder. Llegan mis padres. Todo
estará bien, me repito. Podrás atravesar con felicidad este tramo. Nos
enjuagamos en el cariño, la novedad, los planes. Damos rienda suelta. Hacemos
mandados, cocinamos. Estamos en las siestas y percibo otra vez a la
tranquilidad asustarse. Recuerdo que, agua de las flores, no cambié las cartas
de ayer. Las recojo. Acaricio la baraja. Me levanté de la mesa y me dirigí a
ella en busca de confianza. ¿Cuál sería la mejor carta que querrías sacar en
este momento? ¿Qué carta te diría que todo está bien? Pienso en el término
confianza y de inmediato pienso en La Estrella. Sé que es un atrevimiento.
Acaricio las cartas y les pido que sea esa, que el más allá me diga que todo
estará bien. No hay por qué hacer tanto drama, pero un saludo de pañuelos en el
muelle, una brisa de perfume dejada al pasar, un signo hojaldrado me haría confiar
más en mí. Así lo pido, así se los digo en el aposento silencioso de mi
corazón, cuando tomo la carta y veo en ella al Mundo. El último arcano, la
bóveda final, la perfección maravillosa de estar aquí. Arrójate y verás dice el
Loco. Estás lista para participar en el mundo, dice el Mundo desde su fina, su
antiquísima, su estridente danza.
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