en busca del tiempo perdido

sobre Poesía, amor, amigos, trabajo, viajes. 2017-2025 de Manuel Podestá. Paraná. Azogue libros. 2026. 






"¿La casa más grande de Entre Ríos?", se pregunta Manu cuando visita el Palacio San José. ¿El primer diario de escritor que se publica en nuestra ciudad?, me pregunto yo cuando recibo este tomito.

 

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Me da curiosidad. Me permite leer a contraluz. No menciona la publicación de Holograma de palmeras (2019), que publicó en el interín del diario, pero sí la escritura de una novela llamada Siempre Municipal que no conocemos. Agrega proyectos de escritura verosímiles y otros más fantásticos. Dispersa poemas que no están en ninguna plaqueta. No menciona sus textos anteriores (solo Parker cuando se la regala a Oscar Taborda), ni hace acuse de recibo de la decisión de reeditar El día perfecto de la tierra será el último de todos en Maquinita. Tampoco menciona la posibilidad de publicar esta escritura que sostiene. En todo momento el diario se aleja a distancia prudente de la propia escritura e incluso la pone en tensión cuando el Sábado 10 de febrero se detiene a anotar que el proyecto de El Palmar no debe quitarle tiempo a este diario.

 

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Me da ternura que Holograma aparece con un título que no fue, En busca del ñandú gigante,  que sería una traducción cultural preciosa de A la recherche du temps perdu con parodia, subdesarrollo y salvajismo latino. La posibilidad me hace pensar que, pese a no evocar el pasado (aunque hay veces que sí lo hace), la escritura del diario tiene aquí bastante de apresamiento del presente como si fuese un tiempo perdido. ¿Qué tipo de tiempo perdido será el que vivimos cada día? Las listas de acciones, las diferentes formas de enumerar algunos días que sostiene en varias entradas son el intento repetido y rehecho de recordar. La práctica de recordar el propio día o cinco años antes, o diez años antes, en este diario que traspasa brevemente siete años enteros y tres gobiernos... esa manera de vincularse con un presente que cada vez es más pasado en sí mismo, nos da noticias de la compleja relación con la temporalidad que nos envuelve hace bastante rato ya.

 

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También es leer a contraluz descubrir la escritura contemporánea como una escritura más densa de lo que uno cree. Frente al registro frugal y doméstico que la propia escritura convoca, y ante la forma misma del poema que aparece ante nosotros como liviano y veloz, el diario registra el esfuerzo: "Tengo que luchar para no abandonar este diario", "Hacía mucho no disfrutaba tanto un libro de poemas", "Vuelvo de a poco a escribir poemas", "Me preguntaron si estoy escribiendo". Todo parece muy liviano en buena parte de la escritura y edición contemporáneas. Sin embargo, hay allí un peso que debe levantarse.

 

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El título es largo de decir. Y no quiero llamarlos "diarios" y ya. Voy a llamarlo Poesía, amor. Me parece justo.

 

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Hay algo que también está en los poemas (pienso en La soledad del tenista eliminado (2016) en especial). Establecer una relación sospechosa, casi detectivesca, entre los movimientos de la realidad. Un objetivismo tamizado de maravilla porque no se concentra en lo que ve sino en lo que casi no ve:

 

"Hoy se desprendió en la Antártida el iceberg más grande de la historia. Mandamos a imprenta Cabeza de buey, el nuevo libro de Daniel Durand".

 

Se trata de poner las pistas juntas, de establecer un tipo de sinestesia que no es la de los sentidos sino la de la información. Pongo estos dos datos juntos, me detengo a observarlos. Una mañana, de repente, me doy cuenta que en la oficina no hubo en diecisiete año una pelea de egos. Me detengo a observar este dato, como si pudiera mirarlo. Visito el mausoleo de Artigas, registro que, en un salón apenas iluminado, soldados miran horas y horas turistas entrar y salir. ¿Científicos ensayan una destrucción muy fina?

 

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Observar la información, contemplarla como una ciudad vista desde la altura: "Con Mercedes nos agarramos las manos y lloramos". Registrar lo que nos sucede al recibir la información: "El informe del médico nombra un quiste. Imposible no angustiarse con esa palabra, ¿no?". Dar cuenta de la experiencia humana detrás de los datos que nos cubren resulta una manera de permitir entrar a la escritura la ficción de la información, la poética de la información. Volver a enunciarnos en nuestra singularidad frente al cielo biteado y cotidiano de las pantallas.

 

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Y escribir con la curiosidad infantil que a tantos novelistas les cuesta reponer en sus prosas cuando quieren sea un niño quien las protagonice. Aunque se tome aviones, aunque beba birras y festeje mundiales, aunque tenga trabajo hace casi veinte años en el mismo lugar (qué loco, ¿no?), aunque quiera ponerse serio y empezar a leer de veras a los cuarenta y un años. En todo momento igual me parece la voz de un niño que, a distancia precisa de la vida y su misterio, comienza a sumergirse en ella: "Qué mágicas esas máquinas que muestran en la pared imágenes en movimiento".

 

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Me agrada pensar que no llevamos diarios porque tengamos vidas interiores más o menos interesantes. O porque leer y escribir terminen por conllevar el registro cotidiano de esas prácticas. Me gusta sentir que abrimos drives y documentos de word para anotar lo que sucede porque la vida es una experiencia que no conocemos. Todos somos como esa mujer de Nueva Escocia, provincia de Entre Ríos -el dato se lo debemos a Manu-, a la que un meteorito, sin mediar palabra, le aterrizó en su costado. Todo lo que nos rodea es inmanejable, sospechoso, increíble, interesante. Los diarios que me importan (éstos), comparten ese desconcierto que tanto puede ser tristeza como maravilla, entusiasmo como indignación. La información nunca fue lo mismo que el tiempo.  Embebidos de datita, capaces de tomar cualquier camino que se nos ocurra, abiertos todos los mensajes, recuperamos las porciones de vacío necesarias y hasta allí mudamos a la poesía y el amor: “Intento retomar esto. Después de casi un año desde que murió Titán, el sábado pasado adoptamos una gatita colorada. Le pusimos de nombre Yari. Es juguetona y divertida. Mercedes le escribió a la chica que la daba en adopción y al instante respondió: ‘Vengan cuando quieran’”.

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