perla negra dos punto cero

 


No miro las galas de Gran Hermano: Generación Dorada. Me molesta la conducción de Santiago del Moro y el decorado de la casa. Oigo solo un poco de All Acces, el stream de DGO que se armó en la segunda edición de este regreso. Ahora lo conduce el Tucu López. Sí miro, en cambio, las reacciones en loop de Martín Cirio al GH de 2023 y 2024. Los participantes ingresaron a la casa un lunes, el día después de la asunción de Milei. Ese verano fue el de la Ley Bases y las cadenas nacionales con formato estadounidense. ¿Cuántas veces puede mirarse la contemporaneidad? ¿Cuánto tiempo lleva hacerlo? Todo parece cercano y lejano. Igual que me pasó con el macrismo, siento que el tiempo se acelera demasiado a mi alrededor y no termino de darme cuenta que pasó. No qué pasó, sino que pasó el tiempo.

 

Se me agolpan los ojos. Por ejemplo, a esta edición de GH entró el ex novio de Zoe, una participante no del GH anterior, sino del otro. Su presencia y la de Zoe en las notas me va confundiendo. Por momentos pienso que Zoe era tal o cual participante del primero, luego del segundo, luego del tercero. Incluso mirando las reacciones de Martín me cuesta recordar qué cabía en ese GH o cómo eran las tramas. Gran Hermano, esto no es un descubrimiento, condensa varios de los formatos televisivos que el aparato había explorado el siglo pasado y nos los entrega como condensaciones, variaciones o posibilidades. Posibilidades incluso de su tratamiento como imagen. Con la emisión de la casa, con las grabaciones, con el audio de los personajes podes crear un noticiero, un show de talentos, un concurso de juegos, una telenovela o una película. Esto mismo hace que su trama se vuelva tan etérea o difícil de manejar en nuestra memoria. (Cómo es la trama de la contemporaneidad. Cómo se reponen los relatos incluso cuando parece que han acabado. Cómo se imagina).

 

El formato llegó al país a poco de nacer, en el 2001. Desde entonces tuvo tres auges distintos, tres períodos. (¿Cuándo comienza un formato? ¿Cuándo acaba?). Cada una de esas veces fue hecho de manera sucesiva hasta agotarlo y guardarlo, diferirlo al futuro. Como si no se le pudiera poner fin por voluntad o como si la lógica de negocio alrededor de las imágenes fuera más allá de la posibilidad de dañarlas en su fuente de ingresos. Cada una de las tres veces que el formato prosperó y se estiró hasta agotarlo, provocó un claro declive sobre la última de las emisiones. Entonces se lo cerraba, con algún que otro escándalo o decadencia, y se lo mandaba al futuro. (¿Por qué no frenar antes? ¿Las imágenes pueden chocar? ¿Pueden dañarse? ¿Dónde se conservan? ¿Cómo se guardan para después?). En cierto modo, el agotamiento y el reenvío del programa al futuro funciona como una práctica de archivo. Como toda repetición, en cada una de estas puestas en escena se fue introduciendo una diferencia. Generación Dorada forma parte de eso, y no sabremos nunca si es una mutación o un final. Sin embargo, algo que sucede esta vez que antes no pasaba con tanta claridad es la convivencia de las imágenes sobre un mismo plano. Mi inicio de Youtube me ofrece vídeos reacción a este Gran Hermano, al anterior y al anterior. Me ofrece vídeos del programa en Telefe de anoche, hace un año y hace dos años. Sería muy difícil decir que “volvimos a ver” un Gran Hermano, dado que es un programa tres sesenta donde no alcanza con las galas (las de los anteriores están todas subidas, las de este están fragmentadas porque las tomó Amazon Prime), sino que también deberían verse las notas televisivas, los streams reacción oficiales y no oficiales, y los tweets. Sin embargo, en esta vuelta de Gran Hermano a la televisión es la primera vez que hay tanto archivo de ese oleaje.

 

Tampoco sé si los streams están hechos para volver a mirarse. Sí sé que, en la práctica, pueden volver mirarse. Cuando oigo la trama que Martín sobreimprime a Gran Hermano encuentro otros ruidos de la contemporaneidad. Este regreso de Gran Hermano a la televisión se dio luego del aislamiento social y la enfermedad. Repuso en la televisión una fantasía de interiores que fue mirada con atención. En Martín, ambos Gran Hermano vinieron luego de la cancelación. Él comenzó a reaccionar al tercero pero luego lo dejó. Para mí una pena porque se hubiera divertido mucho con el teatro de Chiara para que Nano no la abandone. Ahora en el cuarto Gran Hermano solo incluye algunos clips en su emisión de noticias semanales. Allí tuvo el acierto de decir que Andrea del Boca, personaje estrella de esta edición (hubo un Gran Hermano de Marcos, otro de Furia, otro de Tato... este es de Andrea del Boca), decir que ella, digo, es la novela en sí misma. Aunque no suceda nada, ella se arma la novela allí sola. Y en efecto, el vídeo nos muestra a Andrea sola en una habitación hablándole a un almohadón en que está la foto de su hija separada de ella ahora por el formato como antes por la violencia: toda novela necesita separación, distancia, para escribirse. (Sonrío al recordar que "actriz, falluta, actriz" era uno de los insultos preferidos de Furia dos Gran Hermano atrás. ¿Qué clase de extraño bucle será cuando los participantes de ésta edición quieran descalificar el juego de Andrea con ese mismo término, actriz, que constituye su identidad). 

 

Una productora de otros tiempos de la actriz decía que le daba pena verla entrar a Gran Hermano. No coincido. Me agrada la idea de pensar que los restos luminosos de la novela están allí alojados en medio del fárrago del presente. En una habitación de conventillo, sumergida en la vida cotidiana que las novelas tantas veces se esforzaron por filmar, la actriz regresa para comenzar, otra vez, de nuevo. ¿No están empezando a saltar en mi inicio los vídeos de hace siete años, las notas de su hija, sus paradas con los movileros, capítulos enteros de una novela que jamás miré?

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