cómo son los espejos

 


Cómo es el otro lado del mundo. A veces es tanto el apabullamiento de nuestro alrededor que me detengo, como primer y única medida, como diminuta y angustiosa medida. Con tristeza, con gozo, con pavura me detengo. ¿Tantos años y no sé negociar con la realidad? ¿Qué tratos, qué almacenes, qué mercaderes? ¿Qué pactos de caballeros puedo extender, cada tarde, conmigo mismo al filo de todo lo que deseo? Desde el patio balcón veo el atardecer comenzar, un hombre revolver la basura y parecerse a los dos o tres que esta mañana me pidieron dineros y comidas o me ofrecieron sus bienes de ropavejeros a cambio de quién sabe cuánto. Cómo será al otro del mundo. Los últimos bombardeos sobre Kiev se vuelven una estampilla diminuta ante mis ojos. Tengo esas imágenes repletas de hermosura y magnificencia conmigo esta tarde en casa. Tengo toda esta distancia que la nada traza entre mi cuerpo y los escombros para que jamás nos toquemos, para que podamos vivir toda la vida sin conocernos. Cómo será el otro lado del mundo. El hombre que me llevó esta mañana no revuelve la basura pero trabaja de las seis a las nueve. Me da pudor responder cuánto trabajo. Decirle que me quedaré en casa. Durante una guerra, durante los largos exilios, durante las pestes alguien debe quedarse en casa. Cuidar las pertenencias, pasar la ceniza sobre la plata, cubrir la carne de los tallos ante las heladas. Cómo será el otro del mundo. Entro a mi barrio y pido a toda esta precariedad me cubra hasta mañana, me envuelva como a la princesa Anastasia mientras la Revolución triunfa. Tanto detenerme, tanto sopesar los carruajes, tanto maquillarme detenida sobre la fruta olvidada de los días. Tanto maniatar las prendas sutiles, los propósitos inmisericordes, la lenta letanía de las asunciones. Nunca cruzaré los espejos pero sabré con exactitud cómo se observa mí reflejo. No podré con su magia espesa, pero terca todos los días me preguntaré cómo son los espejos.

todo vuelve a mí ahora

 


La larga planicie de nuestros sueños. La proyección mullida. El inconsciente diario del mundo. El libro de las imágenes. El recorte de figuritas. El dulce clip alojado en nuestros ojos. Las tapizadas recámaras de nuestros párpados. El cofre dorado de nuestros celulares. La escama minuciosa de nuestra mirada. El ronroneo de la vibración en nuestros bolsillos. El papel glacé de las películas. El edredón de las series. Las cofias de rocío de cada telenovela. Las cintas importadas. Los vhs imantados. El abanico perpetuo de Youtube. Las películas en blanco y negro. La cajita de fósforos de cada dibujo animado. La estampita preciosa de la fotografía en este film. La pátina de hermosura impresa sobre cada fotograma de Sakura Card Captor. Las mil capturas de pantalla. El confeti bellísimo de las fotos de perfil. La premura de los flyers. Los círculos aterciopelados de messenger. Los álbumes familiares. El polvo que alcanza a capturar el proyector mientras se despliega. Los robustos dedos que han tomado esta cámara. Las piernas de los camarógrafos. Un dragón blanco de ojos azules. Cada bikini lucida en Gran Hermano. Hoy es nuestra emisión número ocho mil quinientos cuarenta y dos y estamos aquí para comenzar nuestros almuerzos de todos los días. Los decorados. La opulencia de Pornhub. Las líneas de ferrocarril incansables de los reels. Don Ramón cortando un pie de rosas para germinar. La fauna inaudita tras cada televisor. Olinda Bozán. Las canciones cuando terminan. Los abrazos que no nos dimos. Cada beso censurado del cuerpo de esta película. Niní Marshall. Enrique Pinti. Susú Pecoraro. Las manos de Benigno acariciando el vidrio divisorio en Hable con ella. Una vez Carmen Barbieri dijo que Almodóvar la había llamado. La firmeza de los pasos de Cristina entrando a la capilla ardiente. Ésta entrevista a China Zorrilla que hoy miro. Todos sus rostros mirando la cámara. Los dijes perdidos de cada una de estas imágenes. Todas las canciones de Glee sonando en mi corazón. El vídeo que hizo Pixar para la campaña it’s gets better. Las películas y las novelas en que los chicos se besan. Las novelas verticales. Los aposentos de Minecraft transmitidos en vivo y en directo. Holis bellos míos cómo están, soy yo, Martina, tu bella amiga. Antonio Gasalla. María Félix. Elizabeth Taylor. CNN en español. El atlas del cable. La primicia de nuestros ojos. La rueca insomne de las imágenes. Susana Giménez. Chespirito. La ley y el orden, unidad de víctimas especiales. La nieve cayendo lejos de mí. El secreto minarete de mis pensamientos buscando la materia de que están hechos los sueños. El fervor de mi letra intentando tocar las ilusiones. La materia con que trabajo es tan extensa. Lea Michele cantando It’s all coming back to me now. Todo vuelve a mí ahora. Todo vuelve a mí ahora y está conmigo. La necesidad de saber dónde se detuvo nuestro amor, en qué imágenes se quedó prendado, qué soñamos, a dónde nos dirigimos. Preguntarles a las imágenes qué queremos, tocar desesperados a sus puertas, pedirles que nos arrullen y nos consuelen. Traspasar su magma, su cinta helada, su frenesí inmaculado para al fin conocernos. 

el porvenir de una ilusión

 

 para Mal, enero de 2026




“Qué inquietante este lugar” escribe un usuario encima del fragmento que muestra la escenografía de El Chavo del Ocho en ruinas. No sé si estos pequeños vídeos que veo provienen de Tik Tok o de Youtube. Noto que fueron hechos por computadora, que sin pasar por ningún afuera, llegan hasta mis ojos desde la interioridad misma del aparato que recibió y recibe nuestras imágenes y ahora, como alguien que crece, nos muestra las suyas. Relamidos de inteligencia artificial, propagados en los shorts de Instagram, Youtube, Tik Tok, X y Facebook los vídeos no duran más de treinta segundos y son, entre el fárrago que miro, las joyas de la corona. Un triciclo tomado por la herrumbre, los postigos humedecidos en cada departamento, el musgo ya crecido. Las ventanas rotas, el barril a medio deshacerse. El piso sucio, la vecindad sin iluminar. Una cámara, una linterna, un foco que recorta lo que observamos y nos lo da a ver a pedacitos, envuelto en estética de misterio. Espero todo el tiempo algún fantasma, un creepy pasta, un personaje de Chespirito, el programa, vuelto un zombie de las imágenes, un superviviente de sus propias imágenes. El vídeo no me lo muestra. Se concentra, con inquietud y hermosura, solo en la escenografía. Y los materiales allí reunidos, la disposición de un decorado, la composición hueca del cartón pintado alcanzan para decir que sobre las imágenes acaba de pasar, qué increíble, el tiempo.

            Qué increíble. Qué fascinante. Qué horrible, qué precioso. Qué difícil. Mis ojos se van, mis ojos intentan pensar. No me interesa cómo hicimos estas imágenes. Me interesa esto que está pasando acá, ahora mismo, cuando este vídeo se presenta ante mis ojos. Que tengamos ganas de verlas, que se produzca, que circulen. Ese es el acontecimiento. Enseguida conecto el vídeo en mi memoria con todos esos canales de Youtube, antes que existieran los shorts, dedicados a contar la vida y triste final de personajes de series. Allí los actores perdían su identidad humana para convertirse todos ellos, incluido su destino de personas, su vida y triste final, en el libreto que alguna vez encarnaron. Porque las imágenes eran más fuertes que su identidad, los vídeos remitían en sus títulos al personaje sobre la persona. Respira hondo para ver cómo están las niñas de La familia Ingalls hoy. La trágica muerte del papá de Alf. La maldición de Glee. Muere hoy en Arizona Bengy Gregory, “Brian” en Alf. Cómo está hoy el niño de Mi pobre angelito. Cansados de preguntarnos por los frágiles cuerpos, hoy el vídeo que miro se pregunta por la escena, por aquello todavía más efímero que la actuación. Se pregunta por la superficie de las imágenes. Así se ve hoy la vecindad del Chavo.

            Así se ve hoy. Quiere decir. Mira esta distancia. Mide este desfasaje. Observa este cambio. Nota la diferencia. ¿Dónde existen las imágenes? Santo cielo, ¿dónde se guardan? ¿Por qué quieren conocer su futuro? ¿Ellas lo conocen? ¿Nosotros debemos descubrirlo? El algoritmo me da otro vídeo donde, más lejos, la interioridad del aparato muestra el set de La niñera lleno de sus protagonistas caídos en el suelo. Tan inmóviles, tan semimuertos, semivivos como la ia puede mostrármelos. Pasados de polvo, olvidados de todo, dejados allí mismo donde siempre estuvieron, donde siempre están, en la escena que filmaron. Como si los videítos quisieran mostrarme que por un lado la escena sigue, se repite, permanece. Está allí. Filmada, pasada en papel film, calcada sobre la luz. Y por otro lado, sigue, continúa, transgrede su propio destino y se aleja en el tiempo. Esto está aquí, permanecerá siempre así, pero por sobre esto mismo pasará el tiempo. Son el pasado pero soportan el futuro.

Desde su sitial, las poéticas de la vida cotidiana de La niñera y Chespirito que ahora mismo, esta noche y ante mis ojos, son visitadas por el presente para interrogarlas por su futuro… esas imágenes, digo, parecen aleccionarnos acerca del poder que detentan. Durante mucho tiempo internet solo fue el sitio donde intentar explorar qué pasaba después de la televisión. Cómo había terminado el dibujo animado cuyo final nos perdimos en la infancia. Qué fue de la vida del actor que perdimos de vista, nunca mejor dicho. La película que vi de pequeño. La canción que no sabía cómo se llamaba. El partido que quería volver a ver. El esplendoroso archivo. La televisión era donde esa vida empezaba, internet donde podía tener algún futuro. Y estos vídeos que estos días en casa veo, no son, a la final, tan distintos. Incluso si la televisión acabase, la continuidad seguirá existiendo. Las imágenes no cambian. Tienen memoria, se arrastran cargadísimas de sí mismas, van hacia sí mismas. El decorado sigue dispuesto como cuando hace cincuenta años Roberto Gómez Bolaños, desde el mismo set, desde el mismo libreto, desde sí mismo pidió a Enrique Segoviano tomase esa imagen. La cámara sigue enfocando el mismo plano. Me parece correcto. ¿No debiéramos, después de todo, siempre preguntarnos por la vida que vivimos?  

tres empanadas


 

 



No miro las galas. Me detengo a escuchar una entrevista a Nazareno, el último eliminado, realizada por Fede Popgold durante un segmento del streaming oficial La Jugada. Popgold, conductor del stream y youtuber acostumbrado a realizar entrevistas mano a mano relacionadas a historias de vida propicia este segmento como un a solas, con luz tenue e intencionalidad emotiva direccionada. (Ya hemos apuntado que la direccionalidad de la intención en el stream es una de sus características clave. Mientras en la televisión se entra y sale por vericuetos distintos de la emoción, es decir, la emoción se encuentra, en el stream la emoción se busca y construye con un objetivo claro: ahora vamos a reír, ahora vamos a llorar). En este sentido, Fede Popgold no tiene ningún prurito en comenzar la entrevista diciéndole a Nazareno que no sabía cómo abordarlo porque no sabe qué lo hace llorar. No ironizan sobre esto sino que lo hablan como una problemática o una ignorancia válidas. Nazareno cuenta, incluso, que estando dentro de la casa se preguntó por qué nada lo quebrabra. Habla de por qué nada lo llevaba a ese "límite", como un límite que quería encontrar. Y del que Popgold le reclama no haberlo visto. Repito, le reclama no haberlo visto como Nazareno se reclama no haberlo mostrado. Me quedo estupefacto. Me parece increíble que puedan hablarlo en esos términos. No disimulan. Hablan sobre la operatividad imaginativa, como imagen, de ese llanto y como algo esperable y deseable de ver y dar a ver en el formato. ¿Qué imágenes provocamos?

 

*

Ya hace un tiempo había pensado esto en relación a los conflictos abordados por los programas de espectáculo en temporadas bajas de la imaginación. Flor Vigna señalando las indirectas de su canción como una estrategia amañada de antemano con el famoso involucrado. Si bien he dicho que esto empobrece la ficcionalización, lo que es cierto, no me convence el adjetivo en cuanto pueda leerse como un juicio valorativo. No sé si este tratamiento no pudoroso, sin disimulo, mostrando todos “los hilos” de la ficción imaginativa la hace menor o mayor Si es cierto que le quita una densidad… ¿pero cómo saber si no le está dando otra?

¿Qué imágenes provocamos? No consigo mirar las galas de Gran Hermano: Generación Dorada. Al comienzo fueron la decoración de la casa este año y la pésima conducción de Santiago del Moro. Antes algo del protagonismo tomado por los participantes o del formato captando la narración televisiva, hacía más soportable esta conducción ediciones pasadas. Pero ahora que parte de esos condimentos se licuaron, las intervenciones de la conducción del programa (más allá de Del Moro mismo) se vuelven más evidentes o menos transitables. Esto no quiere decir que desde la enunciación del programa no hayan querido priorizar las imágenes producidas por el estanque de realidad de la casa. Desde la edición pasada hubo un corrimiento en el desarrollo de las galas por el cual se extendieron los momentos de pantalla plena de la transmisión en vivo de los participantes y se añadió flujo a sus quehaceres. Por ejemplo, transmitiendo varias nominaciones a la vez y luego volviendo al piso o abriendo la emisión y yendo a la casa de inmediato para que allí suceda algo que el conductor no anuncia. Gran Hermano sabe que su potencia está en el mirar de las imágenes que provoca, no en su narración posterior o simultánea. Sin embargo, siento que estos esfuerzos en Generación Dorada luego de la salida de Andrea del Boca naufragaron. Sobre la autonomía de su imagen en el formato ya tomé nota antes.

 

No consigo mirar las galas aunque lo intento. Me quedo en cambio con sus alrededores. All acces, un streaming de reacción oficial. Los segmentos de LAM dedicados a esta edición del formato. Los pasajes de Faranews dedicados a (re)ficcionalizar las imágenes de la casa. Los clips oficiales de la casa misma. Las síntesis propiciadas por Nick News. En cada una de estas situaciones lo que prima, incluso en la conversación entre los jugadores en el aislamiento, es la discusión sobre el sentido de las imágenes expuestas. Ya en anteriores ocasiones he querido resaltar este rasgo como una zona de productividad teórica del formato en su retorno televisivo. Durante la primer y segunda edición de este regreso, atestigüe las narrativas encontradas en X sobre los videos o la reposición de una narrativa faltante a las imágenes. Las "teorías conspirativas" no son en este caso otra cosa que pujas por el sentido de lo que se está viendo. Y en la continuidad de esa puja a través de las ediciones, me ha sorprendido el grado de sofisticación de ese pensamiento sobre lo que se ve y lo que se da a ver que han ido teniendo participantes y espectadores. En la segunda edición, los participantes detectaban movimientos de las cámaras. En la tercera, acertaban al conjeturar qué haría la producción en ese momento del juego. En esta cuarta, montan el personaje de principio a fin intentando no salir de su registro por el mayor tiempo posible. Discuten sobre lo que se actúa en el momento mismo de actuarlo: se detienen en el mismo momento de la transmisión de esa imagen. Quiero decir, cada vez tienen más conciencia de sí como imágenes.

Y la vez, refractan esto. Quienes ven dudan sobre los propósitos con los que algo es dado a ver por el participante o por la producción. Intentan adelantarse a los efectos de esa imagen o detenerlos. Y en sentido reinstalan una contradicción en nuestro vínculo contemporáneo con las imágenes. Necesitamos nos permitan imaginar, pero a la vez constreñimos sus lazos con la realidad. Exigimos credibilidad en lugar de creer. Desatados los reaseguros del efecto de realidad barthesiano, no sabemos dónde ubicar la representación.

 

*




En otro vértice de este campo de maniobras que las imágenes están haciendo con nosotros, la reciente muerte de Luis Brandoni hace que un usuario imagine un breve clip que observo en Youtube aunque no sepa con exactitud de dónde proviene. Como antítesis de las ruinas de la Vecindad del Chavo recreadas por IA de las ya he tomado notas antes, lo que aquí se propone es la muerte como ruptura del bucle que el set televisivo provocó. Al igual que en las ruinas de los sets de filmación, aquí se toma la imagen como permanencia y continuidad sobre la que el tiempo, de todos modos, puede acontecer. En este caso, a través del reencuentro en lugar del abandono. Brandoni vuelve a repetir la escena en que está encerrado, vuelve a subir al auto en que dirá el parlamento de las tres empanadas pero, librado por la muerte, encuentra a China Zorrilla en el lugar de su hermano. Se detiene. Las imágenes registran un seísmo, un rasgo de humanidad que irrumpe su continuidad monolítica de lo ya filmado. Toman conciencia las imágenes, la imagen de Brandoni, de lo que acaba de pasarle a su cuerpo. Se abrazan. Oye que le estaban esperando. Abre el auto. Saluda a Antonio Gasalla vestido en ese traje de Mamá Cora sobre cuya máscara y ropajes no se cansó de decir, entrevista a entrevista, cuánto le hartaba usar en esas filmaciones. Hablaba de eso cuando todos querían que hable del éxito de la película. Fiel a su registro actoral, en el clip lo abraza como la Vieja, su madre, lo haría.

sueltos fines de abril, primeros días de mayo

 


 

Quiero que tiemblen

sus estados de wasap,

el principado

del topacio.

 




Los bóxers

a través del día

van guardando

dentro suyo

modestos dragones.

Tantísimo vuelo

en alas plegadas,

papel glacé

brillante

y perfumado.

 

 




*

 

Sobre las vías de un reel,

Enzo Fernández tira

a la pileta nacarada

a su mujer Valu Cervantes.

Si detengo la cámara,

varias veces parece

que sus nalgas

globos trazados por la bikini

son el único rostro posible.

 




*

Perelín

 

En las pupilas de un niño

deberán caber

para siempre

la selva suntuosa

y el abigarrado desierto.

Tendrá que acariciar

dones aciagos,

alhajas ilusorias,

el esplendor

que no alcanza.

Volvamos a mirar

las planicies minúsculas,

el tiempo que atravesamos.

Todo este misterio,

hasta donde llegamos a ver,

nos pertenece.





*

 

En los bóxers,

los hombres guardan

terrones de azúcar.

Estiran sus manos

mientras caminan,

sacan de allí

y van dejando

esa nieve dulce

para los caballos

que relinchan

detrás de ellos.


 


*

 

Me agrada creer

la tela de cada bóxer

esconde

día a día

toros de

terciopelo.

 

*

 

Quiero hacerme un instagram

que quede muy lejos

de todos quienes conozco.

Tener siempre conmigo

un archipiélago

donde ocultarme.

Haberme mudado

todas las veces

a una ciudad

que no conozco.

 

*

 

Tenderé la ropa

entre lirios y mis dedos.

Trataré con tanto amor

las prendas íntimas

que el santo sudario

sonrojará nacarado

de verme lavar

nuestras manchas.