día fuera del tiempo
Este es nuestro día
fuera del tiempo. No el que el calendario maya tramó hace siglos, pesando
invisibilidad por invisibilidad los nudos apergaminados del tiempo. Sino el que
labramos piedra a piedra en los portentos de nuestro propio nombre. Fotitos en
blanco y negro, hilos recién bordados. Corazones recientes, pieles vueltas
porcelana por el paso del tiempo. Éste es nuestro día fuera del tiempo, donde
las barajas se trocan y las lámparas confunden el sendero a iluminar. Atardecer
en las ventanas, copas de flores derramadas de los árboles, grititos tenues
intentando atraer marineros insignes, aventureros exóticos, preciosos
desaparecidos más allá del tiempo. Acá estamos. Más allá del tiempo, intentando
los comodines, invirtiendo los signos. Los pueblos no existen, pero ustedes lo
soñaron. Con horror, con dulzura, con el cáliz precioso de la historia nos
ungieron de cal, otoño y firmamento. Agitaremos pañuelos en los puertos, ya no
sabremos nunca de dónde hemos emigrado. Perderemos la cuenta de si fue este un
exilio, la resistencia perlada de una ciudad sitiada o el éxodo en el desierto.
Fuera del tiempo, prestas a preparar un pueblo a la vera de los ríos, frente a
los ferrocarriles insomnes del pasado, en el punto más alto de las crecientes.
barajas
Cuando recién comienzo
a tocar una baraja, todo el tiempo en que nos vamos conociendo, suele suceder
que se repiten las mismas cartas. Un Hijo de Copas hablando de mis emociones
derramadas; un Tres de Bastos al derecho y al revés, insistente en mi posición
frente a los caminos. Un Colgado, maravilloso y perfecto, dejándose ver entre
los altarcitos domésticos. Una Reina de Oros, un Nueve de Oros. Con
luminosidad, un Loco un día y otro día y otro día. Cada carta que sale se
quedará cuanto menos un día a la vista de mi y mis tareas. Y por eso, como la
baraja es reciente y trae consigo la belleza de tantas imágenes que aún no
aprecié suficiente. Por eso, digo, quisiera pronto salgan otros arcanos, otros
númenes. Tardan, tardan, en la repetición de los días, en las emociones o las
situaciones empantanadas en que no se sale, como en un horóscopo fácil, de un
día para otro. Tardan.
Tardan y dan mayor
festividad al momento en que aparecen. Anoche no dormí, no por el desvelo sino
por estar pasándola bien. Llego tarde a casa, me digo todo estará bien. Me
duermo unas horas, entro en la mañana con la tranquilidad asustada de quien no
hace esto hace mucho tiempo. No sé cómo proceder. Llegan mis padres. Todo
estará bien, me repito. Podrás atravesar con felicidad este tramo. Nos
enjuagamos en el cariño, la novedad, los planes. Damos rienda suelta. Hacemos
mandados, cocinamos. Estamos en las siestas y percibo otra vez a la
tranquilidad asustarse. Recuerdo que, agua de las flores, no cambié las cartas
de ayer. Las recojo. Acaricio la baraja. Me levanté de la mesa y me dirigí a
ella en busca de confianza. ¿Cuál sería la mejor carta que querrías sacar en
este momento? ¿Qué carta te diría que todo está bien? Pienso en el término
confianza y de inmediato pienso en La Estrella. Sé que es un atrevimiento.
Acaricio las cartas y les pido que sea esa, que el más allá me diga que todo
estará bien. No hay por qué hacer tanto drama, pero un saludo de pañuelos en el
muelle, una brisa de perfume dejada al pasar, un signo hojaldrado me haría confiar
más en mí. Así lo pido, así se los digo en el aposento silencioso de mi
corazón, cuando tomo la carta y veo en ella al Mundo. El último arcano, la
bóveda final, la perfección maravillosa de estar aquí. Arrójate y verás dice el
Loco. Estás lista para participar en el mundo, dice el Mundo desde su fina, su
antiquísima, su estridente danza.
bijouterie de mediados de marzo
Debajo de mis vestidos,
el estrecho de Ormuz.
Tácitas de pétroleo
navegan el fárrago
infesto de los días.
*
Humedezco trozos de budín
con miel derramada.
Los dejo infusionar
en el ungüento dulce
hasta que las cuevas
de harina y azúcar
se llena y comienzan
a dorarse.
Muerdo una piel
esquilada por el polen,
unas paredes tomadas
por la melaza.
*
Veo la última foto
que postea jennifer de
gh.
El trazado de un
mapamundi
sobre sus glúteos.
¿No es que se hacen
cartografías del
firmamento?
¿Será que puede la
tierra
ser tan suavecita como
el cielo?
*
Un
pétalo, un pañuelo
Fotitos en blanco y
negro
bajo el aleteo de los
hilos
tan frescos, recién
bordados.
Corazones recientes,
pieles hechas porcelana
por el paso de las
edades.
Atardece en nuestro día
fuera del tiempo.
La copa derramada
del palo borracho
deja una aureola
de pétalos rosa.
En algún reino
de la historia
serán un signo,
para volver
a encontrarnos.
*
Me agrada creer
la tela de cada bóxer
esconde
día a día
toros de
terciopelo.
*
Era muy hermosa esa
manera que tenían las imágenes de desaparecerse mientras tocaban. El rostro de
Noferatu sobre el prado o un barco entero en el mar. Se deshacían y quedaba la
superficie sobre la que flotaban. Así debe parecerse la cámara secreta de mis
ojos cuando al dormir hago inventario de imágenes preciadas. Vividas o no, para
que en una de ellas mis párpados filmen la evanescencia.
*
Las foto me las mandó
Fer la tarde del diecisiete de marzo. Ella estaba en su casa, yo en el almacén.
*
Tomo jícaras
de leche de almendras,
estas soperas llenas
de almidón.
Como si fuesen
cocos abiertos
hace instantes
en la mácula
de la siesta.
*
Pasan dedillos de
azúcar.
Son misivas doradas
las doncellas.
*
Hábitos y hábitos,
a través de los días
me voy volviendo
una novicia carmesí.
*
Juan Jesús Quetzalcoatl
me mandó este bello poemas sobre nuestros mensajitos hace unos días.
Desde tan lejos…
pegadita a la Antártida…
me mandas una lluvia
que cae sobre tu ciudad…
ella se escurre en el
oído
izquierdo
de la cajita musical
Después del trabajo me
mandas
una lluvia que cae
sobre ti.
Cómo vos sabes que
estoy un poco… cómo le llaman ellos? un poco triste?
No me hayo aquí…
Mucho menos allá…
En donde estás vos.
Pero escribes bonito.
Y esta lluvia plateada
en el oído izquierdo.
pinchado el corazón
Historia
natural
No
se ven escaleras, ni rampas,
ni pistas de
aterrizaje,
pegada la espalda al
cielo,
pinchado el corazón
a esa blanca caja
vacía,
desvalido para siempre
y soltando
entre graves
estertores,
gota a gota, una
confesión
cualquiera,
impostergable, mía
y que no importa.
Amanda Berenguer
Quehaceres e invenciones (1963)
Las tormentas en el centro de Argentina volverán a marcar el pulso del clima en los próximos días con la llegada de un frente cálido que activará condiciones de inestabilidad en una amplia región del país. Elonce 26 de marzo de 2026.
en busca del tiempo perdido
sobre Poesía, amor, amigos, trabajo, viajes. 2017-2025 de Manuel Podestá. Paraná. Azogue libros. 2026.
"¿La casa más
grande de Entre Ríos?", se pregunta Manu cuando visita el Palacio San
José. ¿El primer diario de escritor que se publica en nuestra ciudad?, me
pregunto yo cuando recibo este tomito.
*
Me da curiosidad. Me
permite leer a contraluz. No menciona la publicación de Holograma de palmeras (2019), que publicó en el interín del diario,
pero sí la escritura de una novela llamada Siempre
Municipal que no conocemos. Agrega proyectos de escritura verosímiles y
otros más fantásticos. Dispersa poemas que no están en ninguna plaqueta. No
menciona sus textos anteriores (solo Parker
cuando se la regala a Oscar Taborda), ni hace acuse de recibo de la
decisión de reeditar El día perfecto de
la tierra será el último de todos en Maquinita. Tampoco menciona la posibilidad
de publicar esta escritura que sostiene. En todo momento el diario se aleja a
distancia prudente de la propia escritura e incluso la pone en tensión cuando
el Sábado 10 de febrero se detiene a anotar que el proyecto de El Palmar no
debe quitarle tiempo a este diario.
*
Me da ternura que Holograma aparece con un título que no
fue, En busca del ñandú gigante, que sería una traducción cultural preciosa de A la recherche du temps perdu con
parodia, subdesarrollo y salvajismo latino. La posibilidad me hace pensar que,
pese a no evocar el pasado (aunque hay veces que sí lo hace), la escritura del
diario tiene aquí bastante de apresamiento del presente como si fuese un tiempo
perdido. ¿Qué tipo de tiempo perdido será el que vivimos cada día? Las listas
de acciones, las diferentes formas de enumerar algunos días que sostiene en
varias entradas son el intento repetido y rehecho de recordar. La práctica de
recordar el propio día o cinco años antes, o diez años antes, en este diario
que traspasa brevemente siete años enteros y tres gobiernos... esa manera de
vincularse con un presente que cada vez es más pasado en sí mismo, nos da
noticias de la compleja relación con la temporalidad que nos envuelve hace
bastante rato ya.
*
También es leer a
contraluz descubrir la escritura contemporánea como una escritura más densa de
lo que uno cree. Frente al registro frugal y doméstico que la propia escritura
convoca, y ante la forma misma del poema que aparece ante nosotros como liviano
y veloz, el diario registra el esfuerzo: "Tengo que luchar para no
abandonar este diario", "Hacía mucho no disfrutaba tanto un libro de
poemas", "Vuelvo de a poco a escribir poemas", "Me
preguntaron si estoy escribiendo". Todo parece muy liviano en buena parte
de la escritura y edición contemporáneas. Sin embargo, hay allí un peso que
debe levantarse.
*
El título es largo de
decir. Y no quiero llamarlos "diarios" y ya. Voy a llamarlo Poesía, amor. Me parece justo.
*
Hay algo que también
está en los poemas (pienso en La soledad
del tenista eliminado (2016) en especial). Establecer una relación
sospechosa, casi detectivesca, entre los movimientos de la realidad. Un
objetivismo tamizado de maravilla porque no se concentra en lo que ve sino en
lo que casi no ve:
"Hoy se desprendió
en la Antártida el iceberg más grande de la historia. Mandamos a imprenta Cabeza de buey, el nuevo libro de Daniel
Durand".
Se trata de poner las
pistas juntas, de establecer un tipo de sinestesia que no es la de los sentidos
sino la de la información. Pongo estos dos datos juntos, me detengo a
observarlos. Una mañana, de repente, me doy cuenta que en la oficina no hubo en
diecisiete año una pelea de egos. Me detengo a observar este dato, como si
pudiera mirarlo. Visito el mausoleo de Artigas, registro que, en un salón
apenas iluminado, soldados miran horas y horas turistas entrar y salir.
¿Científicos ensayan una destrucción muy fina?
*
Observar la
información, contemplarla como una ciudad vista desde la altura: "Con
Mercedes nos agarramos las manos y lloramos". Registrar lo que nos sucede
al recibir la información: "El informe del médico nombra un quiste.
Imposible no angustiarse con esa palabra, ¿no?". Dar cuenta de la
experiencia humana detrás de los datos que nos cubren resulta una manera de
permitir entrar a la escritura la ficción de la información, la poética de la
información. Volver a enunciarnos en nuestra singularidad frente al cielo
biteado y cotidiano de las pantallas.
*
Y escribir con la
curiosidad infantil que a tantos novelistas les cuesta reponer en sus prosas
cuando quieren sea un niño quien las protagonice. Aunque se tome aviones,
aunque beba birras y festeje mundiales, aunque tenga trabajo hace casi veinte
años en el mismo lugar (qué loco, ¿no?), aunque quiera ponerse serio y empezar
a leer de veras a los cuarenta y un años. En todo momento igual me parece la
voz de un niño que, a distancia precisa de la vida y su misterio, comienza a
sumergirse en ella: "Qué mágicas esas máquinas que muestran en la pared
imágenes en movimiento".
*
Me agrada pensar que no
llevamos diarios porque tengamos vidas interiores más o menos interesantes. O
porque leer y escribir terminen por conllevar el registro cotidiano de esas
prácticas. Me gusta sentir que abrimos drives y documentos de word para anotar
lo que sucede porque la vida es una experiencia que no conocemos. Todos somos
como esa mujer de Nueva Escocia, provincia de Entre Ríos -el dato se lo debemos
a Manu-, a la que un meteorito, sin mediar palabra, le aterrizó en su costado.
Todo lo que nos rodea es inmanejable, sospechoso, increíble, interesante. Los
diarios que me importan (éstos), comparten ese desconcierto que tanto puede ser
tristeza como maravilla, entusiasmo como indignación. La información nunca fue
lo mismo que el tiempo. Embebidos de
datita, capaces de tomar cualquier camino que se nos ocurra, abiertos todos los
mensajes, recuperamos las porciones de vacío necesarias y hasta allí mudamos a
la poesía y el amor: “Intento retomar esto. Después de casi un año desde que
murió Titán, el sábado pasado adoptamos una gatita colorada. Le pusimos de
nombre Yari. Es juguetona y divertida. Mercedes le escribió a la chica que la
daba en adopción y al instante respondió: ‘Vengan cuando quieran’”.
me embrujé de interioridad

"Así se les iban los meses del calor, él hablando sin ser oído bajo los naranjos floridos, y el marqués pudriéndose en la hamaca a mil trescientas leguas marinas de un rey que nunca lo oyó nombrar". Gabriel García Márquez. Del amor y otros demonios, 1994.
Anoche llegué a casa y
sentí que era un vikingo cansado de atrapar animales, trasladar témpanos de
hielo, poner los pies sobre la tierra oculta del frío, la niebla y la
distancia. ¿Cómo han de dormir los barcos? Anoche llegué a casa y sentí que era
una madre de siete hijos, regué las plantas como si tuviera que acarrear un
cúmulo imprudente de ovejas de regreso. Percibí gozo en no comprender todo el
olvido que podría convocar sobre mí. La inocencia desgajada a través del día
con la que ahora espero el colectivo, encima de las barrancas, presta para
desatar mareas de siglos en mi mirada.
*
Tardé semanas enteras
en dejarme dormir. Sopesé mis piernas como si fuesen cascabeles heridos. Resté
importancia a todo. Me embrujé de interioridad, cal y canto, mirlo y borrascas.
Tuve miedo. Tuve sueño. Me dediqué a estar en mí con una pulcritud inmensa,
como si moverse supusiera despertar todos los caballeros, sotas y reyes de la
baraja y todos ellos, abrumados por el sol de febrero en el caribe de nuestras
tierras, fuesen tras de mí por este pedregoso camino rural de nuestras tierras.
Quise dormir de mil maneras para despertar en la colonia, en la traducción, en
el anegado esplendor de una ciudad amurallada.
*
Quise con todas mis
fuerzas que llueva. Cerré los ojos y sufrí la lluvia de petróleo sobre Teherán,
los amasijos de barro bajo las vertientes del Orinoco, el rumor de peces
despiertos en las lagunas de Michigan. Me dejé llevar por los incendios, por la
nieve, por el tumulto de un motín en las cárceles de las Filipinas. Estuve
atenta a todo el dolor del mundo y a su larga consolación. Di órdenes a cada
ama de llaves. Excusé las provistas del día. Deserté cada compromiso. Me
dediqué al más terrible examen de conciencia.
la corona final
Si puedes ver detrás de
los escombros,
de tantas raspaduras y
tantas telarañas como cubren el hormiguero de otra vida,
si puedes todavía
destrozarte otro poco el corazón,
aunque no haya
esperanza ni destino,
aparta las cortinas, la
ignorancia o el espesor del mundo, lo que sea,
y mira con tus ojos de
ahora bien adentro, hasta el fondo del caos.
¿Qué color tienes tú a
través de los días y los años de aquel a quien amaste?
¿Qué imagen tuya
asciende con el alba y hace la noche del enamorado?
¿Qué ha quedado de ti
en esa memoria donde giran los vientos?
Quizás entre las hojas
oxidadas que fueron una vez el esplendor y el viaje,
un tapiz a lo largo de
toda la aventura,
surjas confusamente,
casi irreconocible a través de otros cuerpos,
como si aparecieras
reclamando un lugar en algún paraíso ajeno y a deshora.
O tal vez ya ni estés,
ni polvo ni humareda;
tal vez ese recinto
donde siempre creíste reinar inalterable,
sin tiempo y tan lejana
como incrustada en ámbar,
sea menos aún que un
albergue de paso:
una desnuda cámara de
espejos donde nunca hubo nadie,
nadie más que un yo
impío cubriendo la distancia entre una sombra y el deseo.
Y acaso sea peor que
haber pasado en vano,
porque tú que pudiste
resistir a la escarcha y a la profanación,
permanecer de pie bajo
la cuchillada de insufribles traiciones,
es posible que al fin
hayas sido inmolada,
descuartizada en nombre
de una historia perversa,
tus trozos arrojados a
la hoguera, a los perros, al remolino de los basurales,
y tu novela rota y pisoteada oculta en un cajón.
Es algo que no puedes
soportar.
Hace falta más muerte.
No bastarían furias ni sollozos.
Prefieres suponer que
fuiste relegada por amores terrenos, por amores bastardos,
porque él te reservó
para después de todos sus instantáneos cielos,
para después de nunca,
más allá del final.
Estarás esperándolo
hasta entonces con corona de reina
en el enmarañado fondo
del jardín.
Olga Orozco
Con esta boca en este mundo (1994)
.
.
.
Este domingo se celebra el Día de la Madre en Reino Unido, y el príncipe Guillermo eligió este día especial para rendir homenaje a su madre, Diana de Gales, más conocida como Lady Di, que murió cuando él tan solo tenía 15 años y ella 43. Página 12. 15 de marzo de 2026.
párpados de las pantallas
1. Estoy dándome reiki
sobre la camita que estos días mudé al living del departamento. La coloqué al
lado de una de las puertas balcón, en casa hay cuatro. Ésta da hacia fuera, de
manera que mis ojos pueden quedarse con una porción recortada de cielo en
cuanto los abro. Entre los bloques hay espacio y sutura. Siento que fueron
construidos con huecos de aire todo su derredor. A través suyo veo este avión
pasar, nunca sé si muy cerca o muy lejos. Oigo sus turbinas tamizadas por la
música que uso para saber cuándo cambiar de posición. Diviso sus luces rojas,
su órbita sobre mi cabeza y la de todos mis vecinos. Guardo ese vuelo en mi
corazón como algo que hoy tendremos, todos nosotros, en común.
2. Me cuesta
concentrarme estos días. No sé qué quiero hacer ni cuál de todos mis planes
quiere algo de mí en este momento. La dispersión me ofusca. Trato de amansarla
con los rezos, las manos sobre mi cuerpo, la escritura. Cuando estoy disperso
siento que no me sale realizar ninguna tarea por completo. La sensación es
engañosa. Si rememoro los días que hace me siento así, puedo encontrar muchas
tareas cumplidas de principio a fin con frescura. Sin embargo, para la economía
del yo todo eso no parece alcanzar. ¿Tendrá que ver con la extrañeza del tiempo
que estamos viviendo? Hace unos años, cuando el macrismo proyectó bajar la edad
de imputabilidad, me puse al tanto de las organizaciones que se oponían, leí
notas para aprender más argumentos en contra de los que ya conocía y cambié mi
foto de perfil en Facebook por una con el slogan de la campaña contraria. En
esa época había muchos stickers de ese tipo y nunca los usaba: hacerlo para
este propósito era parte de darle importancia. Pero ahora me entero a través
del feed de google noticias que la baja de imputabilidad fue promulgada esta
mañana… de manera que en algún momento de estos días que pasaron, el Senado
tiene que haberla aprobado. No esperaba otro resultado… más de todos modos me
pregunto si estaba bien no haberlo sabido antes. ¿Dónde se aloja el dolor
cuando sentimos que ya no nos cabe? ¿Cómo se adopta un reclamo cuando habría
que hacer tantos? ¿Cuánta disponibilidad tenemos para sufrir algo, aunque sea
algo, de lo que nos pasa?
3. No tengo Instagram,
pero sí Telegram. Ahí estoy suscripto al canal de un youtuber español que
repostea noticias internacionales. Se llama Isaac, pero su canal, tanto en
Youtube como en Telegram, es “Macabeo contra la apostasía”. Empecé a escucharlo
hará dos o tres años cuando me interesé por los sacerdotes conservadores que se
oponían a las transformaciones doctrinales de Bergoglio. Isaac no es clérigo,
pero de todos modos lo mismo tiene una postura férrea respecto a los cambios
que la Iglesia Católica ha tenido desde el Concilio Vaticano II hasta aquí.
Muchas veces ha intentado enmarcar esos cambios y derivas en alguna de las
muchas profecías que jalonan el siglo veinte. También, superpuestas a ellas,
las que permanecen en el texto bíblico. En ese sentido, siempre la geopolítica
ha sido uno de los temas frecuentes en su canal de Telegram. Pero ahora, con la
profundización de la guerra en medio oriente, casi todas las noticias se
refieren a eso. Elegí que sus mensajitos sean mi manera de estar al tanto de la
guerra por sobre los demás medios que pudiera encontrar. Desoigo, o eso creo,
sus anunciaciones del fin del mundo, y me concentro en las fotografías que
repostea. Una lluvia de petróleo en Teherán. Una nube gris por un misil. Una
nube roja, una nube negra, una nube amarronada por otro misil, otro misil y
otro misil. Son nubes preciosas y no alcanzan para que pueda imaginar cómo es
aquello. Ninguna educación que reciba, ninguna traducción cultural que intente,
ninguna búsqueda en internet alcanzaría jamás para que entienda lo que cabe en
esas imágenes. Por ello desisto, antes que nada, de cualquiera de esos
intentos.
4. Tal vez por eso me
siento bien estos días cuando rezo. Algo que me agrada mucho de hacerlo es que
se parece a abdicar. Y, al mismo tiempo, aunque suene contradictorio, se parece
a hacerse cargo. Dándome reiki sobre la camita, mi cuerpo estirado, sin ninguna
extremidad cruzada sobre otra, tengo el presentimiento de que soy un misil lanzándose.
La idea me parece dulce y me quedo con ella unos momentos. ¿Dónde caeré? Viene
a mi memoria una imagen muy bien trabajada de Santi Venturini en En la colonia agrícola, el poemario que
releí esta mañana mientras no podía avanzar con la novela de la larguísima
dictadura española. En el poema catorce, él habla acerca de los campos que
rodean las colonias agrícolas de su provincia, y también un poco de la mía. Habla
sobre cómo se ven los campos desde la ruta, pero también habla, en la segunda
estrofa, acerca de cómo se ve la ciudad desde esos campos: “Era una masa
naranja / hecha con la energía / de luces públicas / brillando en el medio de
lo negro. / Como si una nave nodriza / con la tripulación de todas / las caras
que conocías / acabara de aterrizar / sobre la superficie nueva / de un planeta”.
¿Los misiles aterrizan o estallan?
5. Hará unos días fui y
vine del Mercado en bicicleta para no presionar las pocas tazas de petróleo que
salen del estrecho de Ormuz. Y mientras volvía escribí misivas templadas como
el fuego para todos los integrantes de la Guardia Islámica. Cosí los minaretes
de Teherán rasgados por las bombas. Alisé los humos rojizos, grises, densos de
los misiles sobre las embajadas. Pliego tras pliego, hice a mano abanicos de
amenaza, portaaviones y ojivas. Pensé, con extrema dulzura, con infinito
desasosiego pensé en una de las noticias vaticanas que estos días mis ojos
alcanzaron a ver. Di los mejores deseos que pudiera tener a la comitiva de
restauradores que, quién sabe, tal vez ahora mismo están, como la noticia decía,
arrimados sobre las paredes de la Capilla Sixtina quitando la sal, las
humedades, los exquisitos silencios de la superficie del Juicio Final.
perla negra dos punto cero
No
miro las galas de Gran Hermano:
Generación Dorada. Me molesta la conducción de Santiago del Moro y el
decorado de la casa. Oigo solo un poco de All
Acces, el stream de DGO que se armó en la segunda edición de este regreso.
Ahora lo conduce el Tucu López. Sí miro, en cambio, las reacciones en loop de
Martín Cirio al GH de 2023 y 2024. Los participantes ingresaron a la casa un
lunes, el día después de la asunción de Milei. Ese verano fue el de la Ley
Bases y las cadenas nacionales con formato estadounidense. ¿Cuántas veces puede
mirarse la contemporaneidad? ¿Cuánto tiempo lleva hacerlo? Todo parece cercano
y lejano. Igual que me pasó con el macrismo, siento que el tiempo se acelera
demasiado a mi alrededor y no termino de darme cuenta que pasó. No qué pasó,
sino que pasó el tiempo.
Se
me agolpan los ojos. Por ejemplo, a esta edición de GH entró el ex novio de
Zoe, una participante no del GH anterior, sino del otro. Su presencia y la de
Zoe en las notas me va confundiendo. Por momentos pienso que Zoe era tal o cual
participante del primero, luego del segundo, luego del tercero. Incluso mirando
las reacciones de Martín me cuesta recordar qué cabía en ese GH o cómo eran las
tramas. Gran Hermano, esto no es un
descubrimiento, condensa varios de los formatos televisivos que el aparato
había explorado el siglo pasado y nos los entrega como condensaciones,
variaciones o posibilidades. Posibilidades incluso de su tratamiento como
imagen. Con la emisión de la casa, con las grabaciones, con el audio de los
personajes podes crear un noticiero, un show de talentos, un concurso de
juegos, una telenovela o una película. Esto mismo hace que su trama se vuelva
tan etérea o difícil de manejar en nuestra memoria. (Cómo es la trama de la
contemporaneidad. Cómo se reponen los relatos incluso cuando parece que han
acabado. Cómo se imagina).
El
formato llegó al país a poco de nacer, en el 2001. Desde entonces tuvo tres
auges distintos, tres períodos. (¿Cuándo comienza un formato? ¿Cuándo acaba?).
Cada una de esas veces fue hecho de manera sucesiva hasta agotarlo y guardarlo,
diferirlo al futuro. Como si no se le pudiera poner fin por voluntad o como si
la lógica de negocio alrededor de las imágenes fuera más allá de la posibilidad
de dañarlas en su fuente de ingresos. Cada una de las tres veces que el formato
prosperó y se estiró hasta agotarlo, provocó un claro declive sobre la última
de las emisiones. Entonces se lo cerraba, con algún que otro escándalo o
decadencia, y se lo mandaba al futuro. (¿Por qué no frenar antes? ¿Las imágenes
pueden chocar? ¿Pueden dañarse? ¿Dónde se conservan? ¿Cómo se guardan para
después?). En cierto modo, el agotamiento y el reenvío del programa al futuro
funciona como una práctica de archivo. Como toda repetición, en cada una de
estas puestas en escena se fue introduciendo una diferencia. Generación Dorada
forma parte de eso, y no sabremos nunca si es una mutación o un final. Sin
embargo, algo que sucede esta vez que antes no pasaba con tanta claridad es la
convivencia de las imágenes sobre un mismo plano. Mi inicio de Youtube me
ofrece vídeos reacción a este Gran Hermano, al anterior y al anterior. Me
ofrece vídeos del programa en Telefe de anoche, hace un año y hace dos años.
Sería muy difícil decir que “volvimos a ver” un Gran Hermano, dado que es un
programa tres sesenta donde no alcanza con las galas (las de los anteriores
están todas subidas, las de este están fragmentadas porque las tomó Amazon
Prime), sino que también deberían verse las notas televisivas, los streams
reacción oficiales y no oficiales, y los tweets. Sin embargo, en esta vuelta de
Gran Hermano a la televisión es la primera vez que hay tanto archivo de ese
oleaje.
Tampoco
sé si los streams están hechos para volver a mirarse. Sí sé que, en la
práctica, pueden volver mirarse. Cuando oigo la trama que Martín sobreimprime a
Gran Hermano encuentro otros ruidos de la contemporaneidad. Este regreso de
Gran Hermano a la televisión se dio luego del aislamiento social y la
enfermedad. Repuso en la televisión una fantasía de interiores que fue mirada
con atención. En Martín, ambos Gran Hermano vinieron luego de la cancelación.
Él comenzó a reaccionar al tercero pero luego lo dejó. Para mí una pena porque
se hubiera divertido mucho con el teatro de Chiara para que Nano no la
abandone. Ahora en el cuarto Gran Hermano solo incluye algunos clips en su
emisión de noticias semanales. Allí tuvo el acierto de decir que Andrea del
Boca, personaje estrella de esta edición (hubo un Gran Hermano de Marcos, otro
de Furia, otro de Tato... este es de Andrea del Boca), decir que ella, digo, es
la novela en sí misma. Aunque no suceda nada, ella se arma la novela allí sola.
Y en efecto, el vídeo nos muestra a Andrea sola en una habitación hablándole a
un almohadón en que está la foto de su hija separada de ella ahora por el
formato como antes por la violencia: toda novela necesita separación,
distancia, para escribirse. (Sonrío al recordar que "actriz, falluta, actriz" era uno de los insultos preferidos de Furia dos Gran Hermano atrás. ¿Qué clase de extraño bucle será cuando los participantes de ésta edición quieran descalificar el juego de Andrea con ese mismo término, actriz, que constituye su identidad).
Una
productora de otros tiempos de la actriz decía que le daba pena verla entrar a
Gran Hermano. No coincido. Me agrada la idea de pensar que los restos luminosos
de la novela están allí alojados en medio del fárrago del presente. En una
habitación de conventillo, sumergida en la vida cotidiana que las novelas
tantas veces se esforzaron por filmar, la actriz regresa para comenzar, otra
vez, de nuevo. ¿No están empezando a saltar en mi inicio los vídeos de hace
siete años, las notas de su hija, sus paradas con los movileros, capítulos
enteros de una novela que jamás miré?

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